Hemos terminado la estructura de la nueva vivienda unifamiliar que estamos desarrollando en Estibaliz. Dos cubiertas a dos aguas que se maclan y una estructura perfecta para que los paños estén lo más abiertos posibles. Así nos integramos en el espacio circundante al tiempo que hacemos una buena y cómoda arquitectura.
La vivienda que estamos construyendo en Estíbaliz es un buen ejemplo de nuestra forma de construir. En esta fase de obra la arquitectura, la de la estructura, la vivienda aparece reducida a sus elementos esenciales: cimentación, pilares, vigas y cubierta. Aun así, ya es posible entender cómo se organizarán los espacios y cuál será la relación del edificio con el paisaje.
La estructura se resuelve mediante hormigón armado que permite liberar gran parte de la planta de elementos portantes intermedios. Esta estrategia facilita una distribución más flexible y una continuidad espacial difícil de conseguir con sistemas más compartimentados. Los apoyos se concentran en posiciones muy concretas, permitiendo que las futuras estancias se desarrollen con amplitud y sin interrupciones visuales innecesarias.
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es la cubierta. La geometría a dos aguas se fragmenta para generar una volumetría quebrada que responde tanto a cuestiones espaciales como constructivas. Desde el interior, esta solución permitirá obtener alturas variables y espacios más ricos que los generados por una cubierta plana convencional. Desde el exterior, la cubierta ayuda a integrar la vivienda en un entorno rural donde las cubiertas inclinadas forman parte del lenguaje arquitectónico tradicional. Las cubiertas planas quedan bien, pero dan muchísimos problemas y no se integran bien con el entorno.

Sin una buena estructura, no hay buena construcción ni diseño
Puede apreciarse también la ejecución del forjado inclinado mediante un sistema de viguetas y bovedillas cerámicas. Más allá de su función resistente, este tipo de solución facilita la ejecución de los posteriores paquetes de aislamiento. En muchas ocasiones la estructura se considera únicamente desde el cálculo, cuando en realidad es una herramienta de diseño de proyecto. Determina la proporción de los espacios, la posición de las aperturas, la entrada de luz natural y la posibilidad de establecer determinadas relaciones entre las estancias. La diferencia entre una vivienda correcta y una vivienda especialmente bien resuelta suele encontrarse precisamente en estas decisiones iniciales.
Por eso las fases estructurales son siempre algunas de las más importantes de una obra. Cuando la estructura está terminada, gran parte de la arquitectura ya ha sido definida. Todo lo que vendrá después —cerramientos, instalaciones o acabados— tendrá sentido gracias a las decisiones que se han tomado en este momento. En Dmado nos ocupamos del diseño, de la estructura y de la obra en sí misma. Cuando la misma persona se ocupa de todo, todo sale mejor.

